Seeliger y Conde

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En un directivo busco el esfuerzo; no me interesa ni el glamour ni la brillantez

20/09/2009 - Categoría: Executive Search - Autor: Luis Garrido (El Mundo)

Es un reto mucho más bonito encontrar al consejero delegado de Spanair en Monterrey y que sea inglés, además de poder convencerle para que venga a España». Para Luis Conde, la verdadera satisfacción se encuentra mucho más allá de los abultados curriculos y de las numerosas recomendaciones. De los números de promoción y los másters estudiados. A él lo consideran como el cazatalentos número uno de España y prefiere los valores a los números, y una mirada dispersa o una mala puesta en escena puede finalizar en negativa por parte del presidente de Seeliger y Conde, agencia de referencia en el mundo del headhunting. Él mismo no deja nada al azar. Ha estudiado al detalle qué gestos ha de adoptar como propios, no desconcentra la mirada en ningún momento y como no podía ser de otra manera, su estilo en la vestimenta se mima al detalle. ¿Su motivación? «La curiosidad», responde sin dudar ante el motivo por el que decidió seleccionar mentes brillantes para dirigir empresas. Algunas de ellas entre las más punteras en España.

«Siempre he ansiado saber más, cuanto más mejor. Al acabar mis estudios quise trabajar en sectores que me pudiesen dar información, y por eso elegí la banca de inversión; quería ver los secretos de las grandes multinacionales de la energía, del gran consumo. Tras ocho años quise más información y me metí en el headhunting». Un ansia de conocimiento que le hace ambicioso y le lleva acuriosear en los entresijos de cualquier empresa, en los recovecos de algunas de las principales multinacionales. Sólo así descubre qué necesita una compañía y encuentra al directivo adecuado. Cuanto mayor es el reto, mayor motivación.

Hace más de 19 años que decidió cambiar de rumbo para crear Seeliger y Conde. Los tiempos han cambiado, las empresas también. Pero los cazadores no acostumbran a cambiar sus hábitos. «Se trata de encontrar a la persona perfecta para los valores de una empresa; no tiene que ser el mejor directivo del mundo, sino la persona que mejor lo pueda hacer en esa compañía en concreto». De momento, en estos tiempos de crisis se jacta de colocar a dos centenares de directivos cada año. Y de haber colocado a 800 directores generales en el periplo que ha recorrido la agencia. El coste para la empresa que demanda el servicio siempre es el mismo: el equivalente a un tercio del salario del seleccionado.

«La persona ideal para una inmobiliaria puede venir del sector tecnológico, no importa si nunca se ha dedicado a eso. Y la puedes encontrar aquí al lado o al otro lado del mundo», relata. Para Conde, la nacionalidad del candidato no es relevante. Sus estudios tampoco, y puede ser joven o superar de largo los 60 años. Disfruta encontrando la pieza ideal fuera del tablero habitual, y por ello este mismo año ha puesto en Metrovacesa a un director financiero procedente de un sector que nada tiene que ver con el ladrillo. En Colonial, a un presidente que inspire cambios profundos aún estando en edad de jubilación y pese a ser un antiguo directivo de la compañía. O el fichaje del consejero delegado de Spanair: «Aquí en España sólo puedes buscar a alguien de Vueling o de Iberia, y eso te da poca libertad; así que me fui fuera». Exactamente, llegó hasta la ciudad mexicana de Monterrey. «Encontré a la persona adecuada, un exdirectivo de EasyJet y British Airways que estaba en México trabajando para Ryanair».

Para pasar la prueba de Conde todos los candidatos han de tener algo en común. «Necesitan unas dosis de estabilidad, han de saber que yo me vaya fijar muchísimo en sus detalles y que los voy a tener demasiado en cuenta». Pero ante todo, tiene que demostrar esfuerzo. «Doy mucho más valor al trabajo y a las ganas que a la brillantez». Y va a lo seguro. «El esfuerzo no falla nunca, no me interesa el glamour o la brillantez. La época de los directivos brillantes ya pasó con Mario Conde; importa el trabajo».

«¿Orgulloso? Por supuesto. Tengo mucho orgullo y me obsesionan los logros y la calidad».Y, de momento, no le ha ído tan mal en su búsqueda de líderes. Apenas el 4% de los seleccionados acaba de cuajar en la empresa por la que ficha. Entonces es la agencia de headhunting la que se encarga de sustituir al directivo.

Más de 10.000 personas pasan por los despachos de su agencia de cazatalentos y la gran mayoría de ellos sale sin dar la talla. Y eso que Seeliger y Conde se encarga de buscar proactivamente a los candidatos, de rastrear aquellas personas válidas para un cargo en concreto en vez de esperar sentados a que alguien les deje un currículo. Un escaso 2% de esos 10 millares de personas acaba pilotando un cargo de responsabilidad.

El directivo reniega de la dirección empresarial - «mis características no son para llevar una compañía habitual, con mucho orden, tan rígida»-. Como en las grandes pasiones, el headhunting no se resume en horas de trabajo. Por un lado, están los viajes. «Hay que conocer qué pasa ahí afuera», explica, «ir a buscar a las personas adecuadas a cualquier rincón del mundo». Y también está el día a día de un cazatalentos. Una rutina condicionada por su condición de ojeador. «Nosotros no vamos a restaurantes. ¿Qué pasaría si nos viese alguien hablando con un empresario? Seguro que empezarían a decir que está buscando un nuevo cargo o que no está contento en su empresa. No, no vamos a comer fuera nunca. Los almuerzos los hacemos aquí, en la agencia».

Se trata de un asunto de confianza. Hay que mirar a los ojos y dar seguridad, pero sobre todo garantizar la confidencialidad. "Yo sé muchas cosas de muchísimas empresas, de demasiadas», arguye. Pero lo manifiesta con un halo de respeto por todo lo que conoce de tantas compañías. Una vez más, confidencialidad. La respuesta ante si alguna vez podría usar información de una firma en otra es rotunda: «Jamás. Mi profesión es ser cazatalento».

«De mi mano han venido Tony Blair y Bill Clinton, pero también Mijail Gorbachov o Margaret Thatcher. ¿Qué tenían todos ellos en común? Una historia de éxito. Habían protagonizado momentos históricos en los que siempre estaba presente la creación de empleo». A George W. Bush ni lo traería a España ni lo ficharía. «Jamás de los jamases lo llamaría».

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